Cosas del surrealismo
Y no me refiero a la exposición del Guggenheim, sino al momento de bizarrismo rockero que viví junto a otras 700 personas el otro día. Nada especial, solo que mientras el batería pulverizaba las piedras de mis riñones a golpe de doble bombo me preguntaba si sería éticamente correcto estar un domingo de 2008 viendo a estos señores con una invitación amablemente donada por el ayuntamiento de Barakaldo en la versión “bohemian chic” de la discoteca Anaconda. En fin, ya se que el rock es para vivirlo y no para darle vueltas, y menos el de Motorhead, pero aunque el bolo estuvo bien me dio la sensación de que algo se nos había perdido ya a todos por el camino. Y seguramente hace mucho tiempo…
Por lo demás fue divertido porque nos conocíamos todos. Era como bajar al Eguzki o al Tubo, o al Alaska, solo que en vez de estar Pako o Patxi pinchando teníamos al mismísimo Lemmy tocando para nosotros. Eso sí, las garimbas a 4 eurazos… o sea, surrealismo en estado puro.
Y ojo porque para surrealista la agenda de conciertos, todos los hijos del metal de los 80 mezclados con salsa, los reyes del rockabilly y hasta los Jelas… Una agenda absolutamente digna de un lugar como Barakaldo que puede tener su máxima expresión en el bolo de los Mars Volta. No me lo quiero ni imaginar. Pero vamos, que dure…
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