Saturday, May 24, 2008

Buen Gusto

Que vivimos en un mundo eminentemente audiovisual es algo que está dicho y redicho. Compramos con la vista, comemos con la vista, nos enamoramos con la vista. En cuanto al tema de la música poco hay que decir y menos después de la explosión del mp3. No hace tanto que sacar fotos o conseguir una canción que nos gustaba era una pequeña aventura que exigía tiempo y la presencia física en un lugar físico donde adquiríamos las susodichas fotos o canciones en un soporte material que se podía tocar. Hoy en día hemos inventado sistemas para descomponer las imágenes y la música en pequeñas partículas de información que podemos almacenar, recuperar, reproducir, enviar e incluso editar. Tampoco vamos a ponernos sentimentales, los avances tecnológicos tienen sus pros y sus contras y siempre han sido acogidos con recelo al principio.
El caso es que, llegados a este punto de sofisticación del mundo audiovisual, me llama la atención que el olfato y el gusto sigan siendo en gran medida inaprensibles e irreproducibles, a pesar de que estudios científicos afirman que son capaces de producir emociones tan intensas como los primeros. Lo cierto es que el auge de la gastronomía tiene mucho que ver con ello, por no hablar de la industria del perfume que desde luego no nació ayer. Incluso hay alguna empresa que se dedica a crear olores corporativos para que las empresas los usen de manera masiva en sus sedes o locales conscientes del poder evocador de un buen aroma. Bueno, sin ir más lejos todos hemos experimentado la sensación de pasar ante un MacDonalds o un Burguer King y sentir ese impulso irracional de engullir una ración de lo que sabemos positivamente que es una de las máximas expresiones de la cocina basura.

En cualquier caso el mundo de los olores y los sabores sigue siendo en gran parte terreno vedado para los parásitos del marketing, avidos de serializar y reproducir masivamente cualquier cosa capaz de generar en nosotros emociones lo suficientemente fuertes como para impulsarnos a GASTAR. Y no se si hace falta que diga que me alegro profundamente de que así sea.

Sin embargo ayer Vir hizo una tortilla. En casa cocino yo, que soy el que maneja presupuestos estéticos y tal, y aunque no me lo hago mal, de vez en cuando llega Vir y hace una tortilla. Y el mundo se para. Y juro como hay Dios que yo que soy capaz de llorar en un restaurante, que siento como las endorfinas invaden mi cerebro con una onza de chocolate suizo y que me emociono con un pincho de morros en Medina del Campo tanto como viendo un cuadro de Rothko en el Guggenheim, desayuné ayer un trozo recalentado de la tortilla de Vir y deseé que alguien inventara una cámara capaz de hacer una foto de ese sabor para poder ponerla en el blog. Y luego ampliarla a 90×70 y enmarcarla y hacer una exposición con ella o enviarla a todos los contactos de mi lista, o simplemente hacerme una camiseta con ella y que todo el mundo pudiera experimentar la misma emoción que sentí en aquel momento.

Por desgracia no se me ocurrió sacar la foto antes. Y de todas maneras la tortilla tenía el aspecto de tantas otras y ni Richard Avedon le podría haber hecho justicia.

Posted by alambique at 12:47:01 | Permalink | No Comments »

Friday, April 4, 2008

Cocina y rock’n'roll

Sergi Arola meets Leonard Cohen

Este señor tan simpático con cara de no haber roto nunca un plato es Anthony Bourdain, cocinero, viajero, presentador de televisión, ex politoxicómano y fan de los Ramones (Aquí aparece más en su salsa).

Imaginarse a las aventuras del joven Arguiñano contadas por Bukowski con la mala leche del Perez-Reverte menos amargado y os acercareis bastante al contenido de sus libros.

Me empecé Malos Tragos en un viaje de autobús a Asturias y lo rematé a la vuelta lo que supone unas 4 ó 5 horas para una colección de artículos ligerita pero con fundamento, record absoluto en mi mediocre currículum de lector. Se me da mucho mejor comer que leer y sabe Dios que el bueno de Tony no ganará nunca el Nobel de literatura, pero la verdad es que hacía muchísimo que no me lo pasaba tan bien leyendo como comiendo, así que acto seguido me compré Confesiones de un Chef, aventuras y desventuras de un cocinero mediocre y pendenciero, pero con principios, en el Nueva York del los 70 y los 80.

Un día se dio cuenta de que era mejor hablando y comiendo que cocinando, escribió el libro, de ahí a la tele y el resto, como suele suceder, es historia. Ahora trabaja en Travel Channel y le pagan por comer alrededor del mundo, cuanto más cruda y sucia sea la comida, mejor. Y el tío lo vive.

Me gusta porque cuenta historias sobre cocineros y me cuesta poco cambiarlos por diseñadores, porque habla de cocina, pero sobre todo habla de comida, de su significado y su filosofía, porque come sushi en Nobu y fritanga en un puesto callejero de Saigon y ambos los disfruta y los aprecia por igual, porque cuenta los detalles más sórdidos tras las fotos de lo que él llama “food porn” (esos platos lujuriosamente perfectos que aparecen en los recetarios), porque adora las historias de mafiosos y gente sin escrúpulos pero con principios y cuenta la vida en un restaurante casi como si fuera “Uno de los nuestros”, porque odia a Billy Joel, porque es directo y divertido como un tema de los Ramones o los Dead Boys y porque es un “loser” que ha vuelto del infierno y da gracias por ello disfrutando de la vida y haciendo disfrutar a los demás como si de un Mike Ness de los fogones se tratara (YEAH!!).

Me jode que no le guste el vino ni Ferrán Adriá, pero supongo que eso también es parte del personaje.

Posted by alambique at 17:52:53 | Permalink | No Comments »